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HERÁLDICA

A partir de todo lo antedicho, resulta fácil de comprender que la simbología heráldica, en sus principios, buscase las formas y colores que fuesen notorios; o sea que permitiesen - como ya se ha dicho, saber quién era cada cual, a una determinada distancia, más bien amplia, sin necesidad de acercarse en exceso. Por ello, es de discrepar la tendencia de algunos tratadistas que buscan dar significado y contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos.

Es cierto que en algunos supuestos existe un origen y un significado, pero en la mayoría de los casos la forma y el diseño eran resultado del capricho de su autor; y así cuando en un escudo de armas se encuentra la figura de un jabalí o una azada, por ejemplo, se debe más a la voluntad de quien lo creó que a un motivo concreto que diera lugar a su concesión u otorgamiento. No faltan casos, como se acaba de decir, en que se incluyen en el escudo motivos o elementos que traen causa de la concesión real o en memoria de sucesos notorios.

Esa búsqueda de la diferenciación también llevaba, inicialmente, a la creación de escudos simples, pero sobre todo reveladores. Es más tarde cuando el escudo se va complicando, hasta el punto de llegar a convertirlo en un auténtico mosaico, particularmente en la época que anteriormente denominamos de decadencia o mercantilización, ya que el diseño heráldico se ve recargado al buscarse no tanto la singularidad de su titular como el adorno y el ornato. De esta forma el escudo de armas pasa a ser un elemento identificador y diferenciador de los campos de batalla y de los torneos. Ello provoca el desmesurado aumento de campo dentro del escudo, comienza a darse la influencia heráldica de otros países, se olvidan las reglas rectoras de la heráldica española y la mencionada mercanitilización de esta ciencia, da lugar a que se comience a buscar significado a los esmaltes, aun cuando - como ya se ha dicho - ello no es exactamente cierto. Es también en esta época cuando los adornos exteriores del escudo (celdas, cimeras, lambriques...) alcanza su máxima expresión e incluso vanidad.

ESMALTES o TINTURAS

En la heráldica española existan sólo siete esmaltes básicos: 2 de metal y 5 de color. Se incluyen dentro de los esmaltes, los llamados forros. Estos llamados forros no constituyen muebles o figuras y mucho menos piezas, siendo tratados dentro de los esmaltes.

En el cuadro siguiente se ven los esmaltes o tinturas básicos de la heráldica española. Estos esmaltes se dividen, como ya se ha dicho, en metales y colores. Recuérdese la primera regla heráldica, relativa a no poner metal sobre metal, ni color sobre color. Quepa señalar que existen tratadistas que al color púrpura lo tratan como metal, con la consiguiente permisión de poder colocar este tinte sobre los correspondientes a colores. No obstante, la gran mayoría considera al púrpura color y no metal.

 

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